LA BATALLA DEL BRISTOL !

Parque de los Patricios, 1987.
Mi vieja, mi hermano, mi hermanita, una perra y dos gatas nos mudamos a un PH de la calle Chiclana al 3000. Luego de años y años de alquilar y alquilar boyando casi siempre por Boedo, Parque Patricios y un corto paso por San Telmo finalmente ahí estábamos nuevamente en el viejo barrio de siempre. Para nosotros que nos criamos en uno y otro no nos importaba la rivalidad futbolística entre San Lorenzo y Huracán porque amábamos ambos barrios, teníamos afectos, parientes y amigos de los dos cuadros pero sobre todo porque nuestro padre nos dijo que “éramos de Boca”, por lo que las cosas estaban planteadas así nomás y no discutíamos demasiado. No es porque mi viejo fuese autoritario, por el contrario, era bastante copado y con onda. Pero bueno, nos dijo que éramos de Boca y ya.
Entonces ya estábamos acomodados en la casa. Mi hermano y yo teníamos trabajo, pero un día se complicó bastante ya que luego de cinco años de trabajar en una fábrica me echaron tras adherir a una huelga por un reclamo de condiciones laborales durante las temporadas de doble turno que la empresa exigía ante la demanda extra de producción sobre todo durante los meses previos a cada fiestas: Navidades, Año Nuevo, Pascuas, etc.
Mi hermano laburaba creo que en una pizzería, aunque no estoy seguro porque tuvo muchos trabajos, pero estaba laburando. También recibíamos ayuda del gobierno la caja PAN, (Programa Alimentario Nacional) porque mi vieja era sola y yo sostén de madre viuda, mi viejo dejó de existir físicamente en 1979. Mi hermano, aun menor de edad, laburaba en negro y ayudaba en casa con parte de su sueldo, yo también la ayudaba del mismo modo pero eso fue hasta el despido. Entonces fue que estuve unos pocos, pero desesperados meses inactivo, mas por suerte encontré trabajo nuevamente.
La caja PAN contenía alimentos básicos. Mi amigo Mariano con quien integrábamos una banda también estaba en situación parecida aunque más emergente porque en su casa eran como siete hermanos en total. Entonces andábamos comiendo más o menos la misma “dieta” ya que en su familia también recibían la caja PAN. Dentro de la caja venía polenta, fideos, lentejas, salsa, harina, azúcar, galletitas. La polenta era el plato más repetido en esos días. Todavía me gusta y me sale muy bien.
Mi vieja laburaba en el Hospital de oncología María Curié y mi hermanita iba al Jardín y luego a la primaria, ella era el fruto de la segunda unión de mi madre con otro flaco con el cual terminaron llevándose realmente mal. Era una relación MUY violenta la cual prefiero seguir intentando olvidar.
Cuento esto para ubicar la situación y el contexto general familiar en esos años.
Un día, al poco tiempo de mudarnos, me encara por la calle un pibe que se presentó como “Barakus”.
Este pibe andaba vestido todo como guerrillero camuflado, borceguíes, tez trigueña, pelo largo. El pibe se mostró amistoso y me pregunto qué música escuchaba porque lógicamente me vio como de la misma “tribu” o parecida a la de el.
Hablamos de música, le dije que tenía una banda pero que nunca habíamos tocado, que ensayábamos y grabábamos los ensayos pero hasta el momento nada de tocar.
Pegamos buena onda, pero por alguna razón me parecía un poco sospechoso su acercamiento tan espontáneo. Un día apareció con una cerveza tocando la puerta de mi casa. Trajo un cassette de Metallica en vivo. Tomamos la cerveza y charlando me preguntó si me había enterado que en poco más iba a haber un festival con grupos punk en el barrio. Yo le dije que me había enterado y que quería ir ya que era raro que en un barrio como Parque Patricios se diesen ese tipo de acontecimientos. El barrio era más futbolero, arrabal y Tango por tradición. Y los recitales de este tipo no abundaban.
Él me dijo que intentara no ir ya que iba a darse un enfrentamiento. Según él este recital estaba armado, él me advirtió de onda que no vaya porque se iba a pudrir mal. La fecha era como un pretexto, unos pibes que hacían una fiesta de egresados en el Club Bristol en la calle La Rioja en Parque Patricios justo frente a las míticas “Torres” unos monoblocks de los primeros en construirse en un barrio capitalino.
Este loco me había contado que meses atrás unos pibes de Las Torres habían sido agredidos muy mal en el boliche Cemento, estos pibes iban con sus novias y entraron a Cemento para “chusmear” de que se trataba la movida de la que tanto comentaban como “rara” o “under”. Estos pibes vestidos más bien de barrio o como para salir a bolichear un sábado a la noche se metieron en Cemento donde parece que había algún clásico FestiPunk o algún evento con ese tipo de público.
Según me dijo, estos pibes no fueron bien recibidos, por el contrario, comenzaron a agredirlos a punto tal que tuvieron que retirarse del lugar súbitamente.
Pero algunos de los que estaban adentro los siguieron afuera y los corrieron para pegarles, a algunos los alcanzaron y fueron muy mal heridos. En esa época eran muy usuales las peleas fuera de Cemento y alrededores por los diversos bandos que se enfrentaban por diversas estúpideces como el “estilo músical” etc.
Estos chicos volvieron al barrio bastante lastimados y en las Torres las cosas comenzaron a caldearse mal. Los pibes de las Torres tuvieron en sus filas durante un tiempo (hoy no lo sé) algunos locos que paraban en la barra de Huracán, y entonces el asunto no tardó en tener a la barra lista y dispuesta para vengar a los pibes que habían sido agredidos.
Según este “Barakus” se estaban agrupando pibes de Las Torres y de la barra de Huracán para caer en la “fiesta de egresados” convenciendo a los pibes de invitar a tocar algunas bandas onda “punk” con el pretexto de que traerían público, ambiente y música al evento.
Los chicos que organizaron la fiesta no sabían que la trama era poder citar a “los punks” en el club Bristol donde se efectuaría la fiesta y ahí caerles desprevenidos para darles una buena paliza de locales.
Sinceramente cuando el pibe me dijo eso no le creí, me pareció como muy fabulero, mucha trama, mucha película …error de mi parte puesto que él me insistió: no vayas, decile a tus amigos que no vayan, ser va a pudrir mal.
Pero fui. No le creí. Y no recuerdo haberle comentado esto a mi hermano o a mis amigos o quizá sí. No lo tomé muy en serio. No pensé que sucedería. Lo cierto es que una vez que pasó todo lo que pasó esa noche me acordé de Barakus toda mi vida.
Estábamos en la puerta del Bristol ya por entrar de un momento a otro, ”puerteando” como se solía hacer… tomando cervezas, charlando con el resto de la tribu de punks de muy variado aspecto y tendencias. En esos tiempos estos recitales aún se movían más de boca en boca que por anuncios.
Había un punk bastante revoltoso al que yo ya había visto en un recital anterior que fui a mis trece años en el Auditorio Buenos Aires en pleno centro donde tocaban Alerta Roja y Dr. Insobornable. Ese fue mi primer recital punk. Seis años después en el Bristol lo reconocí nuevamente, era uno al que le decían “El Mono” también estaba “El Muerto”, creo que “Falopa”, quizás Barakus y Baraquito (nada que ver con el otro Barakus que había alertado de la “venganza” que se planeaba), “Chito”, “Hermann”, “El Chino” quizás, estaba “Sergito” de “Comando Suicida” recién incursionando en la movida Skinhead – Oi, mucho antes de que comenzaran los conflictos, caos, violencia y divisiones que se dieron cuando el movimiento se infectó de ideas poco claras, confusas y contradictorias ya que la “OI music” era de inicio un movimiento muy interesante, inclusivo, barrial y proletario. Pero eso es otra historia más compleja. Lo cierto es que ahí estaban algunos de los Comando más otros pibes que los acompañaban. Sergito era un tipo muy correcto y frontal que simpatizaba con una de las dos bandas que teníamos con Mariano llamada Defensa y Justicia. Le gustaba y a nosotros nos gustaba Comando, su primer EP era muy contundente, tenía entre varios el clásico “Me cago en la yuta” que era un tema potente, audaz por su letra, muy Punk de vieja escuela pero con ritmos más intensos y aguerridos. Comando Suicida fue una de las bandas pioneras del Punk en Argentina.
Estos locos eran los únicos que estaban vestidos todos iguales con casi nada de variantes entre sí. Borceguíes, jeans, remeras blancas, tiradores y cabeza rapada. En cambio el resto eran Punks todos diferentes, los habían con cresta, sin cresta, con pelo largo, pelo medio, pelo corto, pelo parado, pelos de colores, con jeans, con cuero, con campera, sin campera, con chaleco de jean, era una fauna muy variada, los únicos que se veían todos iguales eran los Skinheads que eran no más de siete ú ocho probablemente en toda la Argentina.
En la fiesta iban a tocar Mal Momento y Los Auténticos Decadentes que en esos tiempos frecuentaban el mismo ambiente y eran considerados punks puesto que salieron de ese mismo under. De hecho dos de los “himnos Punk Argentinos” fueron compuestos en buena parte por Jorge Serrano de los Decadentes, me refiero a “El Espejo” y “Gente que no”, temas popularizados por “Todos tus Muertos” banda que integraba la otra parte compositiva de dichas canciones.
Adentro era todo algarabía y estaban todos mezclados, no solo aquellos que venían exclusivamente por las bandas sino también los chicas y chicos del colegio todos vestidos como para fiesta de egresados, algunos padres, música, mesas con comida, gaseosas y cervezas para vender y recaudar fondos para el viaje de egresados.
Estaba todo muy divertido y parecía que iba a ser una gran velada mientras esperábamos que comenzáran a sonar las bandas.
De pronto escucho un alboroto cerca de la entrada mientras que yo estaba ubicado unos metros antes del escenario. El club Bristol era un clásico club social de barrio con el escenario viejo tipo teatro y el resto del salón lo usaban para todo, cancha de básquet, papi fútbol, danza, patin, baile etc. El alboroto era nada más y nada menos que todo aquello que Barakus me había advertido pero hecho realidad y peor, con armas.
Venían una banda de chabones enardecidos repartiendo piñas, revoleando sillas, cadenas, palos y había al menos un arma disparando al techo. Yo creo que alguien les debe haber hecho una descripción de cómo eran los punks: pelo corto, borceguíes… no sé, lo cierto es que se le fueron encima a los siete ú ocho skinheads que estaban ahí y creo que lo hicieron porque los vieron a todos vestidos iguales, juntos y perfectamente identificables, así que habrán dicho: ¡esos son los Punks! Y a esos se le fueron directo a darles con todo.
Los Skins se pusieron espalda con espalda, hombro con hombro y comenzaron a defenderse a puño y silla contra los otros que eran muchos más y tenían un arsenal importante a favor. Otras peleas se dieron aisladas con pequeños grupos pero lo más bravo se estaba dando delante mío como si fuese un espectador. De pronto uno de los “vengadores” que llevaba el arma le metió un balazo a un pibe al que más adelante supe que lo llamaban “Árbol” quien era uno de los Skins a los cuales ellos habrían confundido con aquellos Punks que lastimaron a sus amigos en las afueras de Cemento (por otro lado, vaya a saber ¿Quiénes habrían sido aquellos Punks que lastimaron a sus amigos?) Estimo que estos chabones entendían, dentro de sus códigos barriales y futboleros, que los punks eran una única “barra” existente y que a cualquier Punk al que ajusticiaran vengaría el hecho. “Árbol” sacudía trompadas bravamente y con mucho aguante, la herida de bala sangraba por debajo de la última costilla ahí nomás de la “cresta ilíaca” más cerca de la cadera que del apéndice, Árbol lo había sentido pero su instinto lo llevaba a seguir defendiéndose ya que por otro lado le tiraban con sillas, intentaban darle trompadas pero como él también tenía una silla en su mano y la usaba como arma sacudiéndola para todos lados no lograban acercársele del todo como para darle un golpe definitivo y rematarlo ya sea a puño, con sillas u otro disparo…o todo junto.
Yo no pude evitar reaccionar y me paré de frente a uno de ellos, lo empujé y le grité: ¡Pará loco! ¡Pará! ¡Ya fue boludo, le metieron un tiro, ya fue! Sinceramente estaba sacado y desbordado por la situación y no medí que había un arma de por medio. No pensé demasiado.
De pronto alguien me contesta por atrás con una trompada en la nuca, me di vuelta y vi a un chabón de pelo muy largo lacio y negro con flequillo perfectamente cortado tipo Stone y de rasgos indianos, entonces me le fui al humo furioso por el dolor del golpe que me dió y ni bien le pude conectar una trompada sentí un montón de trompadas y patadas que me venían de todos lados por lo que me hice un bollo en el piso hasta que de pronto dejaron de pegarme. Cuando levanté la vista todos estos pibes estaban siendo corridos a los sillazos, golpes y todo lo que había a mano por todos los punks, skinheads, amigos y demás que estaban ahí, se habían unido todos para defenderse del ataque. Recuerdo al “Muerto”, a mi hermano y tantos otros repartiendo sillazos aguerridamente.
El salón quedó devastado y las corridas seguían afuera. Los de las Torres habían escapado ante el malón de Punks. Adentro quedamos unos pocos. La mayoría heridos. Las chicas del colegio gritaban y lloraban. A Árbol lo llevaban sostenido por otros porque ya estaba comenzando a descompensarse por el disparo recibido, estaba muy pálido pero se la había bancado hasta el final, afuera se sentían sirenas que se acercaban y todos salimos cagando del lugar antes que viniera la cana y nos metan presos a todos o antes de que volviesen los pibes de las torres con más refuerzos. Esa noche fue difícil para intentar dormir…
Al otro día anduve por el barrio como siempre para hacerle las compras a mi vieja y vi por la calle a algunos pibes lastimados, cabezas vendadas, cortaduras, golpes… heridos de “La Batalla del Bristol”. Con el tiempo me entere que Árbol estaba a salvo. Los días que vinieron de ahí en más fueron un infierno, yo vivía en ese barrio. Mariano venía a visitarme y lo cagaban a piedrazos, cada vez que salía de mi casa volaba algo de la vereda de enfrente sobre Chiclana, eso duró mucho… ya se estaba poniendo imposible. Hasta que un día me siguieron de noche unos cinco ó seis de ellos… me encararon en una calle oscura, uno insinuaba un arma debajo de la remera, no podía saber si era de verdad o no por lo que no me convenía hacerme el loco…
Me dice: ¿Vos con quién parás? A lo que respondo, con nadie, ¿por qué?, insisten ¿Vos parás con los Punks? Les dije no, yo paro con mis amigos y mis compañeros de trabajo. Y siguen preguntándome ¿Dónde parás? Le digo, en Constitución, en Florencio Varela, en Ciudadela y acá… mirá loco, si es por lo del otro día, te digo que yo salté por ese chabón como lo hubiese hecho por cualquiera, ya le habían metido un tiro, ¿Qué más querían, matarlo? Ya lo habían cagado a palos y le metieron un tiro… Y el loco me dijo: vos no te tenes que meter porque si vos te metes te la vamos a dar vos. Le repito, mirá loco, yo salté porque al chabón le habían metido un tiro y le seguían pegando. Ya fue ¿entendés? ¡Le metieron un tiro!
Me dice, bueno, pero no te metas, si no tenes nada que ver no te metas porque vos no sabes qué pasó. Así que no te metas ¿me entendés? Y si los ves a los Punks deciles que los vamos a matar. ¡Ahora andá! Y me fui, con un cagazo de que me pegaran un tiro en las patas o que se yo… llegué a mi casa blanco del miedo.
Luego de eso las cosas en el barrio se fueron calmando, nunca más nos jodieron y nuestras vidas continuaron con otros derroteros semejantes o parecidos, a veces peores y a veces no tanto por suerte. Treinta años después fui a al mítico “Rodney Bar” en Chacarita a ver al Chino Vera & Punk Rock Club y entre tantos “Viejos Lobos de Mar” me lo encontré a Árbol… En un momento cruzamos saludos y recordamos esa noche. Nunca habíamos vuelto a hablar al respecto. Con mutuo respeto, cortas palabras y miradas que dicen más de lo que se puede hablar o entender dimos todo por sentado. De pronto caí en la cuenta que Árbol podría no haber estado ahí, o quizá yo ó mi hermano que también estuvo aquella noche y otros con los que ahora estaba disfrutando la música de la “vieja escuela”, ahí también estaba “El Cheto” otro viejo amigo con quien junto al Chino Vera nos había tocado esquivar balas algunos años después… pero esa es otra historia la cual dejo para un próximo ¡Rebel Diario!
Demián Pertusi

Radio Zadar
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